
A 6 meses del triple lesbicidio de Barracas
Por Euge Murillo / Insistir en vivir: una casa colectiva para la sobreviviente de la masacre
Se cumplen seis meses desde que Fernando Barrientos inició el fuego en la habitación de un hotel contra cuatro lesbianas pobres. La causa aún no tiene fecha de juicio pero la justicia no es la única vía por la que se busca una reparación: Sofía, única sobreviviente, es parte de una casa comunitaria inaugurada la semana pasada: Casa Andrea, en homenaje a una de las víctimas de la masacre.

Envuelta en una bandera de los colores del orgullo se asoma por el balcón Marlene, una travesti que saluda desde el primer piso de un hotel antiguo. Está inaugurando la Casa Andrea, un espacio colectivo en donde convivirán 8 personas y 4 niñes y que tendrá lugar disponible para situaciones de emergencia. Se cumplen seis meses del triple lesbicidio de Barracas que dejó una sola sobreviviente, se llama Sofía Castro Riglos y es parte de este proyecto colectivo impulsado por Yo no Fui y No tan Distintes, dos organizaciones que trabajan con personas en situación de encierro, de calle y liberadas desde una perspectiva transfeminista y antipunitivista.
La casa Andrea es un hotel antiguo construido por inmigrantes españoles, muy parecido al hotel en donde hace seis meses un hombre incendió el cuarto en donde estaban Andrea, Sofía, Pamela y Roxana. Hubo una sola sobreviviente que acompañada y sostenida por una red enorme logró algo difícil de imaginar: una sobrevida y un poco de reparación que no esté centrada solamente en el camino judicial ni en la condena del acusado.
“Estuve en la marcha del orgullo y la sentí a Andrea caminar a mi lado”, dice Sofía y recuerda que cuando enterró a sus compañeras les prometió algo muy parecido a lo que está sucediendo: “Lo de la casa colectiva fue muy impactante, porque fue una promesa que les hice a las chicas el mismo día del entierro, les prometí que íbamos a hacerlo, no sabía bien cómo, pero les dije que lo íbamos a hacer. Poder estar en esa casa después de lo que vivimos, es empezar de nuevo” dice.
El domingo 5 de mayo, cerca de las 23:30, Fernando Barrientos prendió fuego la habitación de sus cuatro vecinas lesbianas. Vivían en el primer piso del hotel familiar Canarias, ubicado en la calle Olavarría en la parte comercial del barrio de Barracas. Pamela Cobbas, Roxana Figueroa y Andrea Amarante (que había sobrevivido en 2004 a la tragedia de Cromañón y nunca recibió la reparación económica que le correspondía por parte del Estado) fallecieron luego de este ataque feroz. Sofía sobrevivió, el agresor intentó arrojarla a las llamas pero ella logró defenderse, estuvo varias semanas internada con quemaduras en el rostro y en la manos.
Inmediatamente el colectivo LGTBIQ+ se puso en movimiento, realizaron movilizaciones en distintos puntos del país para darle visibilidad al caso, hubo colectas y actividades destinadas a costear los gastos del entierro y las necesidades de Sofía. A partir del grupo de WhatsApp Lesbianes Autoconvocades se desplegó una red de cuidado y apoyo a las víctimas. A esta red de cuidados se sumó también el Colectivo Yo no Fui y un equipo especializado del Hospital Laura Bonaparte que viene padeciendo un ajuste feroz por parte del gobierno nacional.

Marlene es otra habitante de la casa, es travesti y acaba de salir de la cárcel después de 17 años. Foto Dan Damelio
Insistir y persistir
“Decidimos llamarla Casa Andrea porque hace al tejido de nuestra memoria transfeminista, que reclama recordar a nuestres compañeres, homenajearles, tenerlas presentes cada día de nuestra lucha” explican en un comunicado en el que el Colectivo Yo No fui y Nos Tan Distintes (NTD) hacen pública la conformación de la casa. Andrea es Andrea la Chucky Zapata: compañera de NTD que vivió en Casa Leonor hasta el fin de sus días. Andrea es Andrea Amarante víctima del lesbicidio de Barracas.
“Es muy importante que Sofía sea parte de este proyecto” dice Pipi, integrante del Colectivo Yo No Fui que hace unos días se mudó a la casa con su hija Isabella: “Todas vivimos en hoteles y en alquileres precarios como Sofia, Andrea, Roxana y Pamela, todas acá pasamos por la violencia basada en discursos de odio, que si sos lesbiana, trava, puta o porque saliste de la cárcel" cuenta Pipi.

Pipi es una de las integrantes de la casa, esta orgullosa de haberle preparado un cuarto a su hija. Foto: Dan Damelio
La experiencia de casa Andrea tiene un antecedente reciente, hace poco más de un año, en Junio de 2023 fue desalojada por el Gobierno de la Ciudad la Casa Cultural Pringles ATR. Allí vivían mujeres y niñeces, se trataba de un proyecto de vivienda colectiva, autogestionada y autónoma en busca de reparación para las heridas de la violencia patriarcal e institucional. Pipi fue parte de ese proyecto: “Las dos casas tienen en común la organización, la convivencia, el buscar un modo de vivir, un modo de resolver conflictos y cómo acompañarnos en la vida”.
Lo dice mientras le prepara el cuarto a su hija, cuidando cada detalle: “Al final le di el cuarto que era para mi porque le gustaba más y es verdad que es un poco mas grande”. Tiene una tele, luces rosas, una manada de osos de peluche ocupando la cama y una casa de muñecas. “En la ciudad es muy difícil encontrar un alquiler y que te acepten con chicos, y no solo eso, cualquier persona aunque sea de clase media sabe que alquilar hoy es imposible por todos los requisitos que te piden. Por eso para nosotras tener este proyecto de Casa Andrea es una revancha de las políticas que nos quieren dejar afuera de todo” dice.
La ventana de su cuarto da al pulmón del edificio y de ahí a la ventana de Isa. Después de terminar la pieza de su hija, Pipi tiene una sonrisa que se sale de la cara. “Estoy feliz de que mi hija tenga lo que en mi infancia yo no tuve, un cuarto lindo, una cama linda y un placarcito. Y eso sucede gracias a esta red política y afectiva que busca modos para que estas cosas sean posibles”.

El patio que da al pulmón del edificio es uno de los lugares comunes de la Casa Andrea. Foto: Dan Damelio
La insistencia es innegable, el no conformarse, como hace una semana decía Pierina Nochetti, judicializada en Necochea por pintar una pared con la pregunta ¿Dónde está Tehuel?, luego de tres años de lucha pudo lograr que la causa quedara extinta. “No estoy conforme porque siempre tenemos que estar salvándonos entre nosotrxs; no estoy conforme porque siempre estoy disconforme”, decía. No conformarse es insistir y persistir. ¿Es posible reparar el daño, atender la herida sin tener como única vía la judicial? Desde esta experiencia la respuesta es que sí, no se trata de opciones excluyentes sino de poder construir con otrxs alternativas concretas de la vida en común y con interdependencia.
“El daño que le hicieron es inmenso, que hoy ella esté en una casa colectiva es una muestra de reparación muy grande” dice Paula, otra de las habitantes de la casa y parte de NTD. Vivió muchos años en situación de calle y con problemas de consumo. “Acá no se va a sentir sola y acá nos cuidamos entre todas, lo bueno de acá es que siempre va a haber alguien del otro lado”.
Paula vivía en Quilmes y se mudó a la Ciudad de Buenos Aires en los 2000, en esa época empezó con los problemas de consumo, pasó por internaciones hasta que llegó a la casa de integración Frida en donde conoció a No Tan Distintes. Un tiempo después se fue a vivir a la primera casa colectiva de la organización: Casa Leonor, allí vive Karina Pintarelli, la primera persona trans de la Argentina en recibir una reparación por haber sido perseguida y torturada por su identidad de mujer trans durante la última dictadura cívico-militar.
Casa Andrea
La casa Andrea tiene pasillos angostos, techos altos, habitaciones pequeñas y varios espacios comunes, entre ellos, un patio que da al pulmón del edificio y desde el que se ve un poco el cielo mientras un domingo a la tarde las habitantes de la casa toman mate y cremona mientras trabajan en los arreglos de la casa: limpieza, pintura, orden. Las tareas se reparten, como el cuidado. También se reparten los gritos de punta a punta de la casa.

Este lunes tuvieron la primera reunión de convivencia. Les niñes participarán de las reuniones una vez por mes. Foto: Dan Damelio
Los lunes tienen reunión de convivencia: “Ahí en esas reuniones vemos que está bueno y que no, vamos acomodando las piezas para tener una vida más cómoda” dice Paula. La palabra “pieza” no da lo mismo en la Casa Andrea. El edificio tiene piezas pequeñas en donde cada una se fue acomodando, también están las piezas de les niñes y las piezas que hay que ir encajando para que todo funcione.
“Mientras todo explota, se cierra o se privatiza, y más de 8 mil personas viven en situación de calle en la Ciudad de Buenos Aires, nosotres seguimos luchando y apostando a las experiencias comunitarias y colectivas” dice el comunicado de las organizaciones que sostienen este proyecto. Hace 2 meses surgió la posibilidad de alquilar una casa en conjunto y se lanzaron a contracorriente: “Pensamos que recomponer una vida colectivamente puede ser un modo de justicia alternativa. Una forma de justicia que no se centre en el castigo del perpetrador, sino que logre poner en el centro de la discusión, la posibilidad de relanzar una vida colectivamente” dicen desde las organizaciones.
En diciembre del año pasado me echaron de la Secretaría de niñez y perdí estabilidad laboral” dice Eva, también integrante de Yo No Fui y habitante de la casa. Su vida cotidiana se complejizó, tiene un hijo y una sobrina a cargo pero dice que la tranquiliza saber que va a estar en convivencia con otras compañeras: “Estar en la casa me sacó de ese estado de vulnerabilidad y fragilidad que me tenía asfixiada. Está bueno porque ahora podemos ponerle cabeza a este tipo de proyectos que son fundamentales en este contexto” dice.
A seis meses del hecho todavía no hay fecha para el juicio contra Fernando Barrientos, fuentes allegadas al caso aseguran que desde el patrocinio de Sofia quieren que el juez reconozca los agravantes de femicidio (art. 80 inc. 11 CPN,) y de lesbicidio (art. 80 inc. 4 CPN). La causa está en el Juzgado Criminal y Correccional Nro. 14, a cargo del juez Edmundo Rabionne, Sofia Castro Riglos aún no está preparada para declarar.
Fuente: Página 12